El desencuentro entre el gobernador en funciones y el gobernador electo de Veracruz no encuentra precedente en los registros de la historia contemporánea de esta entidad, al menos en los últimos 60 años. Que se recuerde, entre los renuevos gubernamentales con más discordia, aunque nada comparable con lo del momento, sucedió cuando Fernando López Arias relevó en el mando estatal a Antonio M Quirasco (1956-1962), cuando la animadversión repercutió contra alcaldes de su gestión, algunos de los cuales fueron destituidos y otros tuvieron que darse a la fuga para evitar la cárcel. En otros relevos la crítica contra el antecesor era subrepticia, pero apenas causaba resquemores, nada comparable con la confrontación actual; obviamente, para entenderlo es preciso remitirse a los tiempos y las circunstancias.