Qué penoso es para los mexicanos no confiar en su sistema de justicia.

Consterna que los veracruzanos vivamos con el temor de que ese individuo que destruyó las vidas de millones de personas, salga indemne de la acción de las instituciones legales.

La lógica que sigue el nuevo sistema de justicia penal es parecida a esa modalidad de algunas instituciones religiosas, donde el arrepentimiento de los pecados es suficiente para que todos los errores, transgresiones, perversidades y latrocinios eviten el castigo del infierno y aseguren a los creyentes el mismísimo paraíso.

Parece que el flamante nuevo sistema penal es una invitación a delinquir. Bastará con que los criminales establezcan un acuerdo con la autoridad ministerial y acepten su culpa para que reciban condenas reducidas. En el caso de Javier Duarte, ni siquiera le implicó la inhabilitación del servicio público ni la reparación del daño.

Un daño que la PGR tasa en unos cuantos cientos de millones de pesos, cuando en realidad malversó miles de millones de pesos afectando a todas, todas las áreas del servicio público.