Para justificar su desempeño como titular del órgano de Fiscalización Superior veracruzano, Lorenzo Portilla, podría argumentar: “si no actúo me critican, cuando actúo también”, esto en referencia a los señalamientos sobre su actitud de estar en Babia durante el gobierno de Duarte de Ochoa al cual en un principio solo le detectó irregularidades administrativas aun cuando estaba totalmente plagada de corrupción por desvíos en miles de millones de pesos, y apenas advirtió la alternancia en 2016 desde sus archivos surgieron las “severas observaciones” aquella desarreglada administración. El Orfis aportó interesante información al gobierno de Yunes Linares y lo debe hacer ahora con el de Cuitláhuac García, todo en vías institucionales, tal cual ordenan los cánones. Para eso fue creado ése órgano Fiscalizador, solo que en los inicios de Portillo y en el desempeño de sus predecesores todo fue complicidad con quien mandaba.