CAMALEÓN

Por Alfredo Bielma

Cuitláhuac García tomará las riendas del estado el 1 de diciembre próximo porque así lo dispuso un enorme caudal de votos a su favor, porque así es la democracia y porque la población veracruzana vivió doce años de desgobierno y corrupción con Fidel y Duarte, y dos años de expectativas, muchas de ellas frustradas con Miguel Ángel Yunes Linares. Cuando el bardo escribió aquello de “20 años son nada…” fue solo expresión poética, nada que ver con la realidad.
Fidel, Duarte, Miguel Ángel, son actores políticos muy conocidos en nuestra entidad: Fidel, porque buscó y alcanzó el gobierno con marrullerías características de su estilo, negando a quien lo impulsó al cargo y después de un malhadado gobierno dejó un sucesor a modo para cubrirle las espaldas. Duarte de Ochoa, porque de verde pasó a podrido y lo único eficiente a su favor fue haberle cubierto las fechorías a su hacedor, pero fue discípulo avanzado en las corruptelas aprendidas en la escuela del uso patrimonialista del poder, curso bien aprobado por toda una generación de depredadores cuya morada actual es la cárcel o el insomnio provocado por culpas y la persecución judicial. Son parte de la generación perdida y extraviada, forman la legión de sepultureros del PRI.
Miguel Ángel Yunes Linares aprovechó y cosechó en 2016 la inconformidad popular generada durante largos doce años y le cabe el mérito de encabezar el primer gobierno de alternancia en Veracruz, después del periodo priista iniciado en los años cincuenta del siglo XX mexicano por Marco Antonio Muñoz (1950-1956); (el PRI se fundó en 1946, gobernaba México Ávila Camacho, y a Veracruz Ángel Carvajal, sustituto de Ruiz Cortines, quien había sido postulado en 1944 por el PRM). Como la gran mayoría de políticos mexicanos nacidos apenas iniciada la segunda mitad del siglo XX, Yunes Linares también fue priista y conoce las entrañas del Sistema Político mexicano que está en vías de extinción. Ha sido protagonista de la alternancia pero, hombre al fin, no se libró del influjo del poder y sucumbió a la tentación de trascender políticamente a su mandato, y en ello lleva la penitencia pues ocupó tiempo, espacio y circunstancias para propósitos excluyentes entre sí: dejar sucesor y desempeñar gobierno en un corto espacio de tiempo, porque dos años, para eso, son nada.
La elección federal 2018 ha sido calificada como un tsunami electoral por el apabullante resultado a favor de López Obrador, Morena y los candidatos de este Movimiento, convertido en Partido emergente que se llevó carro completo. Gracias a ese Movimiento en Veracruz se efectúa la segunda alternancia, que verifica un tránsito vertiginoso si se considera que en solo dos años tres partidos habrán gobernado esta entidad: PRI-PAN-Morena; y que en ese breve lapso históricamente se registrarán cuatro gobernadores: Duarte, Flavino, Miguel Ángel y Cuitláhuac. Ese presuroso tránsito acarrea nueva correlación de fuerzas políticas y una intrigante expectativa sobre el cambio que vendrá.
Como López Obrador lo ha hecho en el escenario nacional, Cuitláhuac García lo ejecuta en el plano estatal, al recorrer de nuevo el estado ya en su condición de gobernador electo, en ese itinerario va ratificando sus compromisos de campaña y añadiendo otros de matiz más concreto a cuya solución compromete afanes, tarea nada fácil cuando aún se está en la etapa del reclutamiento de colaboradores cuyo perfil debe acentuarse en la eficiencia y vocación social en el servicio público, lo de honesto tendrá que demostrarse con el desempeño.
Para enfrentar el reto Cuitláhuac cuenta con un enorme respaldo popular, condición de doble filo porque genera presión pues en política está demostrado que a mayor expectativa es más fuerte la exigencia social y eleva el riesgo de temprana inconformidad por posibles incumplimientos. Hasta dónde le sirve ese itinerario para dimensionar la enorme responsabilidad echada a cuestas se reflejará a partir de su toma de posesión el 1 de diciembre, una vez pasado este periodo lunamielero durante el cual nada se le puede exigir legítimamente.
La mesa está puesta, los problemas son de chile, de dulce y de manteca, cosas que el Plan Veracruzano de Desarrollo tendrá que jerarquizar al unísono del gobierno federal, con los matices propios de la entidad: inseguridad pública, Deuda Pública, desarrollo económico, son prioritarios e incluyentes entre sí. Nada fácil es la tarea que tiene enfrente Cuitláhuac García, a quien no solo debe brindarse el deseo de que le vaya bien sino apoyarlo de manera desinteresada y efectiva en el propósito de sacar adelante a la entidad veracruzana. Porque el horno no está para bollos.
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