Los magistrados de la desaparecida Séptima Sala del Tribunal Superior de Justicia podrían ser reubicados, Martha Ramírez, en la Sala Constitucional; Raúl Pimentel Murrieta, en la Primera, donde se reporta mayor rezago en los asuntos; y Alberto Sosa Hernández, iría a la Tercera, a cubrir a su nada bien querido colega Edel Álvarez Peña, que antes de ir a la Presidencia estaba adscrito precisamente a esa Sala.

¿Se arrepentirán algunos magistrados de haberle dado su apoyo a Edel Humberto para ser presidente? Los hechos indican que no, dado el multitudinario apoyo que le brindaron los presidentes de Salas para desaparecer la Séptima. Se ve que los mantiene en control.

Acaso su percepción cambie cuando, al iniciar funciones el nuevo régimen y ante la segura amenaza de llevarlo a juicio político, el sureño empresario voluntariamente decida renunciar a la magistratura e irse a cuidar sus negocios, entre los cuales seguramente no podrá contar las fabulosas transacciones que le iban a dejar las mentadas “ciudades judiciales”.

Ah, pero para darle a estos asuntos un tono más estrambótico, el aún presidente advierte al próximo Ejecutivo y Legislativo que está dispuesto a llevar la defensa del presupuesto del Tribunal a los hechos procesales mediante una controversia constitucional.

A ver si cuando comiencen a aparecer las irregularidades en las cuentas del Tribunal, se abran los ojos de los magistrados para darse cuenta que no debieron entregar ese órgano a un político de medio pelo.