Mientras el campo veracruzano sufre de parálisis permanente y el desarrollo económico luce estancado, la señora Macías de Duarte goza del bien vivir en la capital de Inglaterra; mientras la población veracruzana carente de seguridad social pena por buenos servicios de salud y la infraestructura de este importante sector se encuentra en pésimas condiciones, a Javier Duarte de Ochoa le siguen apareciendo propiedades, ahora cinco departamentos de lujo en Cancún e igual número de inmuebles en Bosques de Santa Fe. En contraste con este fructífero patrimonio viene a mente el peregrinar de la gente menesterosa en los hospitales del Sector Salud veracruzano con receta en mano, de la cama del enfermo a la farmacia del nosocomio, y recibir la respuesta del desabasto de medicinas. Todo ocurre justamente cuando los suegros de Duarte claman porque se les descongelen sus cuentas bancarias. Son polvos de aquel lodazal.