Del muro de Maruchi Pagola 

En Veracruz, también. Aquí, “la muerte tiene permiso”, y Veracruz es un río de sangre que borbotea por todos lados. Ninguno de los 212 municipios está a salvo. Ningún ciudadano puede creer y sentir que la libró.

En Ciudad Juárez, “hay muchos muertos, pero los ejecutados son pandilleros y narquillos de poca monta” publica J. Jesús Esquivel.
También en Veracruz se repite la misma versión. Sólo que aquí los muertos trascienden en la vida cotidiana y hay civiles muertos.
Bastaría referir, una vez más, los niños asesinados y las edecanes y modelos desaparecidas en Amatlán y Córdoba, por ejemplo.


Las dos maestras indígenas asesinadas en Huayacocotla, en el norte de Veracruz, en los límites con Hidalgo y Puebla.
“Las calles en Ciudad Juárez son un campo de batalla”.


De igual forma aquí en Veracruz. Pero, digamos, con mayor extensión porque los malandros también han elegido las carreteras y los cañaverales y los pozos artesianos de agua dados de baja y los ríos y lagunas.
Aquí, y por desgracia, se respira la muerte.

Antes, se soñaba con “la noche tibia y callada de Veracruz”, de Agustín Lara, Toña la negra, Pepe Guízar, Chavela Vargas, Yuri y Toñita. 
“Maldita primavera”, no. Bamba caliente.


La foto que causó indignación

La imagen puede contener: 14 personas, incluido Jaime Rios-Otero, personas sonriendo, personas de pie, texto y exterior
Roberto Cabrera, Comisionado Nacional de Búsqueda de Personas de la Secretaría de Gobernación, junto con el fiscal General del Estado, Jorge Winckler Ortiz, y el fiscal especial para la Atención de Denuncias por Personas Desaparecidas, Luis Eduardo Coronel Gamboa, entre otros, posan como en un día de campo en el paraje en donde la administración de Miguel Ángel Yunes Linares dio a conocer la localización de los restos de por lo menos 175 personas, lo que ha generado indignación.