Aún aferrado, como hacen todos los gobernantes en condiciones similares, a la peregrina idea de que deja un mejor país que el que recibió en su mandato, el Presidente Enrique Peña Nieto esboza con timidez que no alcanzó a producir las condiciones para que llegaran la paz a y la seguridad para los mexicanos.

Él dice que el futuro mandatario contará con un punto de partida con fortalezas en lo político, económico y social y se vanagloria de dejar reformas estructurales, estabilidad política, finanzas públicas sanas, 78% más de contribuyentes, una deuda manejable y en tendencia decreciente, la inflación más baja para un sexenio desde hace casi 50 años, nuevos empleos formales que crecen a un ritmo de 800 mil por año, etcétera, etcétera.

Una retahíla de cifras y de indicadores que nada tienen que ver con la realidad que vive el pueblo. Para los gobernados, las cosas son mucho más caras e inaccesibles que hace 6 años, las condiciones han empeorado y si bien no se ha caído el país, tampoco se justifica que tantos recursos humanos y naturales se hayan desperdiciado cuando pudieron emplearse para generar condiciones de verdadera riqueza y bienestar.

Peña Nieto se caracterizó por ser un Presidente cuya divisa personal (no económica) parecía ser “laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar). Los veracruzanos sufrimos su descarnada indiferencia, cuando nada hizo para llamar a cuentas a Fidel Herrera Beltrán por las condiciones en que dejó al estado y luego toleró hasta la ignominia los desastres que estaba haciendo Javier Duarte, a pesar de que cada mes y cada año se acumulaban las pruebas de sus malversaciones millonarias.

Es indeseable que un Presidente no sea respetuoso de la autonomía de las entidades federativas, pero cuando los mandatarios estatales cometan tropelías tan descaradas y evidentes, es claro que debe hacer valer sus capacidades de operación política y la fuerza de la Federación.

Peña no lo hizo, se desentendió, y Veracruz es sólo un ejemplo de los muchos aspectos de gobierno que dejó al garete y por los cuales estamos en esta condición más deplorable que cuando él inició su mandato.