Comprar una casa de casi 200 millones de pesos no resulta nada extraño cuando se arroga la facultad de disponer de un erario puesto a la disposición de quien ejercita un cargo público sin vocación social y total ausencia de escrúpulos, como lo hizo Javier Duarte de Ochoa y su consorte, ambos inspirados en el ejercicio patrimonialista del poder. El erario veracruzano consta de miles de millones de pesos destinados al pago de nómina y la implementación de programas de infraestructura, salud, educación, de beneficio social y desarrollo económico, solo que Duarte y Karime, su esposa, lo utilizaron para beneficio personal y el enriquecimiento ilimitado. Por eso no sorprende ya la noticia de la compra por Karime de una mansión en Miami, como lo publica el Diario Reforma, lo sorprendente es que ella siga libre.