Lo que estamos observando en el escenario nacional es un caso típico digno de servir para ejemplificar las diferencias existentes entre el discurso de un candidato a cargo de elección popular y el funcionario allegado al puesto por esa vía; mientras el candidato ofrece sin límite, el funcionario mide con prudencia sus palabras atendiendo a factores económicos, financieros, políticos, sociales, ambientales, etc. Así sucede a AMLO, quien durante su campaña de proselitismo ofreció retirar a las fuerzas armadas de las labores de seguridad pública, bajas el precio de las gasolinas, reactivar la industria petrolera, entre otros llamativos planteamientos; sin embargo, ya anunció que ejército y marina permanecerán en las calles, que el precio de las gasolinas se regirán conforme varíe el precio del petróleo, y que la reactivación de la industria petrolera llevará más tiempo del ofrecido; y lo del aeropuerto de la CDMX pudiera quedarse como va. Pero nada para alarmarse, eso sucede en la democracia en la cual decide la ley del número.