Cuando el desempeño de la función pública pasa por un tamiz de megalomanía, soberbia, propensión a la violencia política y falta de compromiso institucional por parte de los mandatarios, es claro que los resultados serán negativos para los gobernados. Características nocivas como esas las podemos encontrar en todos los niveles y países.

Los veracruzanos nos estamos encontrando con la noticia de que el Gobernador de la Entidad afirma que dejará vacías las arcas de la Secretaría de Finanzas y, por si fuera poco,  gastará dineros que no le corresponden, pues utilizará, vaya usted a saber en qué, recursos como los obtenidos por la venta, aún no totalmente justificada, de todo el parque vehicular y de maquinaria de la Secretaría de Infraestructura,   y que no dejará ni un centavo para cubrir los gastos de diciembre, ni para el aguinaldo de los burócratas, pensionados y maestros, ni se diga el pago de las quincenas.

Por su parte, Donald Trump asiste a la reunión de las Naciones Unidas cometiendo una serie de tropiezos: primero llega a tarde a la reunión, luego comienza echarse porras a sí mismo causando la hilaridad de los funcionarios internacionales, para terminar confrontando su postura patriotista, nacionalista e intervencionista, durante lo que se debiera ser una apuesta por el globalismo y la cooperación entre todos los países del orbe en pro de un bien común.

Hay mandatarios que no recuerdan su condición de servidores públicos y se arrojan al pozo de las pasiones, a la ira personalísima y al desenfreno inconsciente, mediante el uso del poder, afectando, precisamente a la la población que los votó.