A toro pasado es posible deducir que José Antonio Meade hizo las veces de un Chivo Expiatorio del Sistema Político comandado por el partido político que lo postuló a la presidencia de la república, el PRI. Con ese carácter Meade se echó a cuestas, o le impusieron la onerosa carga de un gobierno con bajísima aceptación popular, con fuertes acusaciones de corrupción en donde los dos duartes y el exgobernador de Quintana Roo, Roberto Borge, se convirtieron en los prototipos de un régimen caduco, en plena decadencia al cual debía darse cabal sepultura. Curiosamente Meade pertenece al rango de quienes en su momento fueron catalogados como tecnócratas, contra los cuales se formó la Corriente Crítica del PRI, que 40 años más tarde asumirá el poder.