Ante el caos mundial que estamos viviendo, donde la globalización ha llevado a las  naciones a perder su identidad y desatado la ambición de quienes están detrás de ellas, es decir, de los oligarcas…

Aderezado con el anómalo y mefistofélico detalle de la pérdida de fe y la desilusión hacia sus honorables representantes -los representantes de la fe- que, dicho aquí solo de paso, han resultado ser todos unas auténticas fichas…

Al respecto, cabe citar las palabras del muy ilustre Francois-Marie Arouet, más conocido como Voltaire (1694 – 1778) “No hay quien comprenda mejor las verdades de la religión, que los que han perdido la facultad de razonar”

Sin soslayar que siempre se ha dicho que “La fe mueve montañas”; aunque nadie ha visto que se mueva una montaña más que cuando tiembla; ni se ha quitado un dolor de muelas con la puritita fe; a menos, claro, que la fe sea hacia el medicamento.  Pero no nos desviemos…

En síntesis.  Como el mundo está de cabeza y la gente cada vez cree menos en los políticos y en los religiosos.  Ya que los primeros prometen una prosperidad que nadie ha visto; y los segundos un paraíso que ídem, ídem…

Y así como en la política la derecha se une con la izquierda para arribar al Poder y a los dineros; y otros reúnen a todas las ideologías -izquierdas, derechas, centro, ultra, cristianos, ateos, herejes, gays, apóstatas y ladrones, especialmente a los ladrones porque de ellos será el reino de los cielos que sin que les importe en lo más mínimo el ridículo que hacen ante los hastiados ciudadanos, que ya no saben ni a quién apoyar y por ello votan a la desesperada -y ahí están como paradigmas Jesús y Barrabás- y votaron por Morena…

“Cuando un pueblo se ha vuelto incapaz de gobernarse a sí mismo; y está en condiciones de someterse a un amo, poco importa de dónde proceda éste”.  George Washington (1732 – 1799) 

No obstante, a quienes se dicen representantes de algún dios en esta Tierra no les va mejor; y por ello, el paso que sigue, atendiendo las indicaciones del siniestro Club de Bilderberg, entre cuyos maléficos fines pretende que todas las religiones se unan en una sola formando una especie de sindicato divino…

Al poco original grito de: “Los curas, unidos, jamás serán vencidos”, ya se encuentran en pláticas.  Y lo mismo judíos, cristianos y musulmanes, o sea, los creyentes en Jehová, en Jesús o en Alá, andan queriendo conformar una especie de TLC para seguir en el pandero de la humildad y la pobreza en la que viven…

Aduciendo como pretexto para unirse, que el Patriarca de todos ellos es Abraham (1813 – 1638) quien vivió la friolera de 175 años; y cuyo espíritu bien puede inspirar a los tratantes de blancas…

Pues según cuenta la propia Biblia, a su esposa Sara se la puso en tercera base al Faraón para que durmiera con ella. Elegante palabra que se usa en el libro $agrado para definir un adulterio en todo lo alto…

Aunque también puede ser un ejemplo para quienes quieran deshacerse de sus amantes y de sus hijos ilegítimos; pues el santo Patriarca, de acuerdo con su esposa, la citada Sara, mandó matar a su esclava Agar y al hijo de ambos, Ismael.  Toda una chulada de Patriarca…

El caso es que como los representantes de dioses en La Tierra ven que sus ingresos van a la baja y no hay milagro que se los multiplique -como los panes y los pescados- pues cada vez hay menos personas que creen en sus cuentos y sus dioses que no sirven para hacer la paz; sino más bien para hacer la guerra…

Lo cierto es que todo indica que no tardan en unirse todos con sus estrafalarias y poco discretas vestimentas y decretar ante el mundo que se unen para hacer la paz…

Que en estos tiempos de cambio de Era -ya quedó atrás la funesta Era cristiana; y desde 1856, fecha de nacimiento del Nikola Testa (1856 – 1943) el hombre que cambió la vida de todos los habitantes del Planeta, entramos, como justo reconocimiento al sabio austriaco-croata, a la Era Tesla-… 

No dudaría que los estrafalarios, para no perder vigencia, lo nombraran $anto -$an Nikola, protector de los iluminados-.

Y nos vemos mañana, si el Sol me presta vida.