Del muro de Juan José Llanes Gil del Ángel 

Miguel Ángel Yunes Linares está habituado a las peleas desiguales, enfrentándose en pleitos de callejón, ocupando él una posición de poder, arremetiendo contra ciudadanos. En la doctrina jurídica se le llama alevosía: hacer daño sin correr riesgos. Así, desde la gubernatura, decidió que era fácil enfrentar a todo aquel que lo desmintiera, que lo contradijera, que le exigiera. Lo mismo periodistas que exigían protección, que madres desesperadas buscando a hijos desaparecidos, que empresarios defraudados clamando por pagos para no quebrar.

Mimoso en campaña con aquellos a los que ahora vitupera, apeló a la peor parte de los veracruzanos cuando buscaba el poder y anduvo de la Seca a la Meca por toda la entidad diciéndoles a todos lo mismo: “los duartistas te chingaron…yo los voy a chingar a ellos”. Con eso, en 2016, le bastó para ganar. Dos años después, nos damos cuenta que ni chingó a los duartistas (a algunos, los premió), y quienes acabaron chingados fueron los veracruzanos.

Decía yo el dos de julio pasado (en aquella cápsula que ONEA me invitó a grabar) que Yunes -tras la derrota del día anterior- nos mostraría en los meses subsecuentes su peor faz, y ahí está: la del iracundo personaje que increpa a quienes integran la capa más lastimada de la sociedad: los colectivos de desaparecidos, que no recibieron Justicia, sino descalificaciones, porque de acuerdo con la lógica yunista se tenían que conformar con el (mal) trato que les diera un Fiscal impuesto, incompetente, insensible y majadero; tenían que aplaudirlo, y tenían que dejar de buscar a sus hijos, y hacer que los del mandatario, los Yunes Márquez, fueran gobernadores.

Lo dije hace casi dos años: Yunes está exigiendo trato de prócer. Se imaginaba en el mismo altar laico en el que tenemos a Ignacio de la Llave, a Juan de la Luz Enríquez, a Manuel Gutiérrez Zamora, a Heriberto Jara Corona. Y no. Apenas quedó para el basurero en el que colocamos a Fidel Herrera, a Javier Duarte y demás saqueadores y pillos innombrables que los acompañaron.

Tanto que no quiso parecerse a sus antecesores, que Yunes terminará sus días de gobernante pareciéndose rotundamente a ellos. Como Fidel, que fue como el emperador con un traje nuevo del cuento de Hans Christian Andersen que llamaba “tontos” a los que no veían su ropaje, Yunes llamó “duartistas” a los que no reconocieron “el cambio”. Como Duarte, con quien “no pasaba nada” aunque navegaba Veracruz en ríos de sangre, Yunes alaba y exige reconocimiento para su Fiscal, sin darse cuenta (disociado de la realidad, como Duarte), que el único (único-único-único) veracruzano al que le parece un buen trabajo el de Winckler, es a él.

Y sí, aunque es cierto que constitucionalmente su periodo termina el 30 de noviembre de 2018, ayer, que insultó soezmente a las familias de los desaparecidos, Miguel Ángel Yunes Linares dejó de ser moralmente gobernador de Veracruz.