En la agonía de su régimen, el presidente Enrique Peña Nieto presidió la última ceremonia cívico patriótica del Grito, a dos meses y medio de que cesen las funciones que ha desempeñado como jefe de las instituciones nacionales. El balance no es satisfactorio para los mexicanos. Quedará pendiente un saldo político considerable. Prácticamente de los grandes escándalos que han estremecido la conciencia nacional, ninguno quedará resuelto.

Hemos atestiguado casos múltiples y descomunales de corrupción, y sufrido la carestía de los bienes y servicios indispensables para la vida y el embate implacable de la violencia.

El régimen se caracterizó por casos emblemáticos de inmoralidad pública. Odebrecht, Javier Duarte, César Duarte, Roberto Borge, Rodrigo Medina, la Estafa Maestra, la Casa Blanca y la desaparición de los 43 normalistas son algunos de los grandes temas que dejarán en el recuerdo la imagen de un mandatario cuya debilidad o acaso interés personal en algunos casos, no han permitido soluciones y resultados éticos.