Serpientes y escaleras

A unas horas de que comience la “Consulta sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México” aumenta la incertidumbre sobre cuál será el efecto del resultado de este ejercicio político convocado por el futuro gobierno. Al nerviosismo en sectores empresariales y financieros, se suman las visiones encontradas sobre lo que puede ocurrir si la decisión mayoritaria fuera, por ejemplo, cancelar el actual proyecto de Texcoco: por un lado el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, asegura que “no va a suceder nada” si hubiera una cancelación del NAIM actual “ni desequilibrios económicos, problemas en la bolsa o devaluación, nada de eso” y dice que hay una estrategia para “meter miedo”; mientras del otro lado reportes de agentes financieros como Citibanamex y voces como el presidente de la OCDE, José Angel Gurría, advierten que si México falla en la ejecución del NAIM habrá efectos nancieros negativos en el corto y mediano plazo y “México pondrá en riesgo su atractivo y su prestigio como plataforma de inversiones”.

Para López Obrador ninguno de esos riesgos es real. En caso de que la votación mayoritaria en la consulta fuera por la opción de construir dos pistas en Santa Lucía, los primeros en conocer el resultado el próximo domingo, dice, serían los empresarios involucrados en la actual obra de Texcoco, antes incluso que la ciudadanía. “Nos vamos a entender con las empresas contratistas, además no son muchas las que están trabajando en el Lago de Texcoco, son como cinco grandes. Voy a hablar con los empresarios para garantizarles que van a seguir vigentes sus contratos, que si se decide, por ejemplo por Santa Lucía, la misma obra que tienen ahora asignada en Texcoco la van a hacer en Santa Lucía”, dice el presidente electo. Y sobre los bonos emitidos en el proyecto del NAIM, asegura que están garantizados por el TUA que se cobra a los pasajeros y que “el gobierno va a respaldar a los inversionistas o poseedores de esos bonos”.

Pero la visión contraria no es tan optimista. Citibanamex aseguró ayer que frenar el proyecto actual “implicará cerrar la única opción viable para expandir la capacidad aeroportuaria de la zona metropolitana de la Ciudad de México. Esto, además de las multas financieras y la pérdida del capital invertido, que conforme algunos cálculos ascienden a alrededor de 120 mil millones de pesos, es decir, cerca de 0.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), incluyendo más 1.3 mil millones de dólares de recursos públicos ya devengados”.

En tanto, el presidente de la OCDE y ex secretario de Hacienda, José Angel Gurría, sí habló de un efecto negativo en el atractivo de México como país de inversiones, aunque se negó a suscribir “escenarios catastróficos” en caso de que la obra se cancele. “Evidentemente a los inversionistas de todo el mundo les importa el destino del proyecto y algunos de ellos han invertido 7.6 mil millones de pesos. Pero el impacto de una posible mala decisión tras la consulta dependerá de los criterios bajo los cuales se juzgue, ya sean técnicos, físicos, ecológicos, ambientales, financieros, entre otros”.

El otro tema que genera incertidumbre es la forma en que se realizará la consulta. Mientras López Obrador asegura que habrá garantías de transparencia y de una consulta imparcial en la que la gente puede participar y confiar, “porque se trata de democracia participativa en la que en vez de que decida uno —‘Yo podría decidir, pero no quiero hacerlo solo’—, sino que decidamos todos”, y el próximo secretario de Comunicaciones asegura que “no hay ninguna simulación” en la consulta, en otros sectores se descalifica desde la validez, hasta la metodología y el rigor con el que se recolectarán los votos y se procesarán los resultados. Hay incluso quien arma que hasta en los criterios de ubicación de las mesas —el mayor número en todo el país estará en Tabasco— se trata de orientar esta consulta a una participación mayoritaria de bases de Morena y a favor de la opción de Santa Lucía, con dos argumentos centrales: el menor costo económico y evitar el daño ambiental que causaría la desaparición del Lago Nabor Carrillo.

En las redes sociales y en foros de internet chocan también las campañas de grupos y activistas. Los que llaman a apoyar Santa Lucía, con dos argumentos centrales: el menor costo económico y evitar el daño ambiental por la desaparición del Lago Nabor Carrillo; y del otro lado, también hay otros ciudadanos que llaman a participar y a salir a votar en la consulta a favor de la opción de Texcoco.

Las últimas encuestas publicadas en medios (El Financiero, telefónica, 23 de octubre) señalan que, si se aplica la misma pregunta de la Consulta “Dada la saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, ¿cuál opción piensa que sea mejor para el país?”, 53% considera que la mejor opción es “reacondicionar el actual aeropuerto de la Ciudad de México y el de Toluca, y construir dos pistas en la base aérea de Santa Lucía”, mientras que 46% preere continuar con la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco. Esto a diferencia de otra encuesta del 28 de agosto pasado en el mismo medio, en donde 56% prefería Texcoco y solo 28% Santa Lucía. ¿Nos despedimos ya de Texcoco y empezamos a pensar en el “plan emergente” mientras se construye Santa Lucía y se empieza a destruir lo ya construido del faraónico proyecto de Peña Nieto? ¿O alguien piensa que la decisión sigue en el aire y que López Obrador va a sorprender perdiendo su primera consulta y acatando “la decisión del pueblo” aunque ganara Texcoco?