Las elites políticas de México están en antecedentes de que los desvíos millonarios de Duarte en Veracruz y Borge en Quintana Roo, entre otros casos, fueron canalizados no solo a cuentas personales sino hacia propósitos electorales, como es el caso de Alejandro Gutiérrez en Chihuahua, puesto en libertad precisamente un día después de la blanda sentencia a Duarte de Ochoa. Estos últimos  expedientes inducen a pensar en el sucio manejo de una “justicia” orientada a cumplir compromisos deshonestos entre autoridades federales y los ahora indiciados. En lo de Duarte dejando al margen a su esposa, involucrada hasta el tuétano en el gran robo a Veracruz, según el grueso expediente en su contra y aplicando una somera pena carcelaria. Hasta allí el pago, lo que venga después (desaparición forzada) ya no entra en lo convenido ni fue parte del acuerdo entre cómplices del desvío.