A punto de concluir su mandato Peña Nieto deja una larga estela con acentuado olor a azufre, pleno de huellas de corrupción difíciles de borrar por donde se le vea. Dos casos son icónicos: el de los Duarte de Chihuahua y Veracruz y el de Borges en Quintana Roo, emblematizados por una omisa Procuraduría General ayuna de voluntad para realmente hacer justicia. Obviamente lo de Odebrecht destapará la Caja de Pandora para cerrar un círculo vicioso, y abrirá la cloaca desde donde emanarán los fétidos olores de la corrupción; ¿quién pudiera dudar de la protección a los cómplices de Javier Duarte en la Cámara de diputados federales? ¿O la omisión en el trámite para extraditar a la señora Karime? Estos y muchos más son expedientes que Cuitláhuac en Veracruz y López Obrador en el gobierno federal tendrán que seguir puntualmente para demostrar auténtica voluntad de su lucha contra la corrupción.