Nada comparable al problema que significan los miles de baches que inundan calles y avenidas de Xalapa, que no se resolvía por falta de voluntad política, indolencia, novatez o negligencia de las autoridades, ahora la capital enfrenta el grave problema de no contar con un espacio donde depositar los residuos que genera diariamente su población.

Un verdadero reto que requiere de toda la capacidad ejecutiva y de negociación del alcalde Hipólito Rodríguez Herrero, quien lo que menos tiene es tiempo para ofrecer una solución a tan delicado inconveniente, antes de que empiecen a acumularse en las calles de toda la ciudad las miles de toneladas de basura que se generan hora tras hora todos los días.

Es extraña la oposición tanto de Coatepec como de Pinoltepec, Emiliano Zapata, para permitir que se haga el depósito en los sitios previamente establecidos en sus territorios, como si los vecinos de esos lugares no disfrutaran permanentemente de la infraestructura recreativa, comercial, de salud, de servicios burocráticos y educativa que les ofrece Xalapa, sin exigirles nada a cambio.

Situación distinta es la del puerto de Veracruz, cuya negativa se entiende en que tiene sus propios problemas tan grandes como los de la capital, pero además un gobierno panista que estará contento de dejar que el régimen morenista de Xalapa se ahogue en sus dificultades.

La eficacia de Hipólito tendrá que verse en convencer a los opositores para que cedan y en garantizarles que, ahora sí, el depósito de los residuos capitalinos cumplirá los más altos estándares de manejo, sin dañar el entorno natural, las aguas y el suelo.

Claro, siempre quedará la duda si es una oposición legítima y espontánea de los vecinos o si son los últimos coletazos de la fiera antes de extinguirse.