Rúbrica

Por Aurelio Contreras Moreno

Tal como se previó desde que fue completamente exonerada de los cargos por lavado de dinero y delincuencia organizada por los que estuvo detenida prácticamente durante todo el sexenio de Enrique Peña Nieto, Elba Esther Gordillo se alista para retomar el control del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En un video difundido el martes por Maestros por México, una asociación que le es afín, Gordillo Morales afirmó que “la ley es la ley y voy a hacer respetar la ley. Como demostré mi inocencia ayer, yo sigo siendo la presidente del Comité Ejecutivo Nacional. Lo que tiene Juan Díaz es la chequera y a los maestros sometidos. Lo que tengo yo es el liderazgo de verdad, ésa es la diferencia”.
Más clara no podría haber sido la declaración de guerra de una mujer que demostró que en política, nadie está muerto hasta que deja de respirar. En contraparte, y como prácticamente en todo lo que hizo durante los últimos seis años, el gobierno de Peña Nieto fue lo bastante timorato y ciego como para subestimar a la líder magisterial más poderosa de la historia de este país, que con el cambio de circunstancias políticas tras el 1 de julio ha vuelto por sus fueros de la mano del lopezobradorismo que, a diferencia de 2006, esta vez sí pactó con ella para obtener su apoyo en las elecciones. Viene ahora el momento de pagar el “favor”.
Por lo pronto, la maestra ya fijó la mira en la primera cabeza que quiere ver rodar: la de Juan Díaz de la Torre, quien tras el encarcelamiento de Gordillo y apoyado por el gobierno de Peña Nieto, tomó la dirección del SNTE al más clásico estilo de los líderes “charros”: sumiso ante los designios del Presidente que en ese momento, hablamos del año 2013, hacía gala de su poder defenestrando a la dirigente sindical por haberlo desafiado, oponiéndose abiertamente a su reforma educativa.
Si algo debió aprender Elba Esther Gordillo en sus años de reclusión es que no debe ponerse con “Sansón a las patadas”, y que su retorno a la dirigencia sentista depende de que el próximo presidente, Andrés Manuel López Obrador, le dé carta abierta para hacerlo.
Y por lo que ha demostrado, el mandatario electo no se opondrá a este “asalto al SNTE”. Desde que Gordillo Morales fue exonerada judicialmente, López Obrador declaró que la maestra había sido –su adjetivo justificador favorito, por lo visto- un “chivo expiatorio”, y que respetaría la “libertad sindical”. Claro, siempre y cuando ésta no le implique una “piedra en el zapato” y acepte subirse incondicionalmente al “tren” de la llamada “cuarta transformación”.
El “pequeño detalle” es que entre las ofertas que llevaron al lopezobradorismo a ganar las pasadas elecciones estaba la de terminar con los cacicazgos sindicales, tradicionalmente ligados en su gran mayoría al PRI, y que en el particular caso del SNTE han tenido como consecuencia haber provocado que la educación pública de nuestro país sea mediocre y de bajísimo nivel, en detrimento de nuestro propio crecimiento como nación. Y de la corrupción, ni hablar.
Pero si López Obrador le “perdonó” todas sus fechorías al “Güero” Velasco con tal de que le entregara el estado de Chiapas a Morena, ¿por qué no habría de “perdonar” a la maestra Elba Esther, si ya se “arrepintió” de haber sido parte de la “mafia del poder”?

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