Si tomáramos en serio la lucha anticorrupción y militáramos en el Partido Acción Nacional en Veracruz tendríamos serias dificultades para decidir por quien votar para la dirigencia estatal: por José Mancha o por Joaquín Guzmán Aviles pues sobre ambos pesan observaciones derivadas de las auditorías del Orfis, es decir, se encuentran en el vértice del señalamiento público, es decir, no hay a cuál irle; uno de ellos será el dirigente estatal panista, pero quien lo sea no podrá manejar un discurso anticorrupción creíble y con sustento. Mientras, el PRD, ese fantasma de partido que aún consume prerrogativas, se debate entre el menosprecio de Mancha, quien recién declaró que ya no le es útil al PAN y la emigración a otras filias partidistas de su ya de por sí esmirriada militancia.