Igual que Pablo Escobar Gaviria en Colombia, o El Chapo Guzmán en Sinaloa, que beneficiaban a la población con ayudas de diversa índole, un fragmento delincuencial de Cártel del Golfo llamado Grupo Sombra, se dio a la cuidadosa tarea de repartir enseres entre las personas damnificadas de Álamo, mientras por otro lado, lanzaron granadas a las instalaciones de la policía en Tuxpan.

Esa estrategia de los bandidos nobles no es nueva, por supuesto, y todos conocemos aquellas gestas de los legendarios Robin Hood y Chucho El Roto, que quitaban a los ricos para darles a los pobres, con lo que se granjeaban la protección, simpatía y alertas de centenares de beneficiarios.

Y aunque el gobernador quiere mostrarse aplicado ofreciendo recompensas por los integrantes del Grupo Sombra, por otro lado cae nuevamente en lo que ya es un lugar común en su régimen, que es negar la incidencia delictiva, como si los asaltos, secuestros, levantones y asesinatos no ocurrieran todos los días a lo largo y ancho de la geografía.

Más prudencia y honestidad para reconocer los males no estaría de más, junto con la continuada estrategia de persecución a los criminales.