Dice Javier Duarte que desde su detención en Guatemala todo fue un show, a esto le atribuye el motivo de su risa sarcástica, asegura. Cierto o no, todavía se recuerda aquella su frase “allí viene mi uber, para referirse a la patrulla en donde lo trasladarían al aeropuerto camino a México. Pudiera ser verdad su dicho, pero su palabra tiene crédito agotado y aceptarlo es cuesta arriba; sin embargo, la PGR no ha demostrado capacidad ni voluntad para formularle cargos que mantengan por muchos años a Duarte de Ochoa en cautiverio, elementos debe haber, la víctima, Veracruz, está plena de ellos. En contraste, encrespa el ánimo soportar los desplantes del presidiario en referencia en cartas difundidas por radio-tv en las que alude a su “inocencia” y 2sartas de mentiras” dichas en su contra. Aunque finalmente pudiera ser parte de una estrategia para que le diagnostiquen dolencias de sus facultades mentales y de esa manera lo ingresen en un hospital psiquiátrico, pero fuera del encierro. Todo es posible, aunque Peña ya se va, parece que con él es el compromiso.