David Quitano Díaz

“Geografía social: Todos los hombres nacemos iguales. Pero por desgracia en países distintos.”

JAUME PERICH

Siempre que tengo una estadística en mis manos, antes de exponerla reviso la implicación humana del número, y esto lo hago, porque a veces los economistas pecamos de insensibles, al respecto, los últimos días en la frontera sur de nuestro país, ha sido el foco de alerta por el movimiento humano en el orden de 4 mil hondureños que buscan avanzar sobre la geografía mexicana en exploración de mejores condiciones de vida para sus familias.

Según diversas fuentes, Honduras es uno de los 3 países más pobres de América Latina, donde apenas en 2009 tuvo un golpe de Estado, debilitando así su entramado institucional, que lo ha atado a una espiral de pobreza y desigualdad.

Este fenómeno político hoy se reduce a escenas que por sí mismas reclaman humanidad y respaldo, de todos aquellos que al menos contamos con espacios para subsistir y desarrollarnos en la medida de nuestro trabajo.

Lo que quiero significar en el presente escrito, también es, que hoy tomamos por sorpresa el hecho por el volumen, sin embargo, este movimiento de personas, es una constante. Al respecto, podemos que ver que según estadísticas de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación (SEGOB) el número de extranjeros presentados de la región América Central fueron 153 mil 641 para 2016.

En total, el número de extranjeros presentados —incluyendo a todos— fueron 188 mil 595, es decir, el 76% se refiere a personas de América Central.

Al realizar un comparativo entre 2015 y 2016, pudo constatarse que para el año antepasado se devolvieron 181 mil 163 mientras que para el que apenas terminó la cifra llegó a 147 mil 370.

Esta misma disminución del número de personas devueltas de la región también bajó de 2015 a 2016, en el primer año mencionado se devolvieron a 176 mil 726; mientras que, en 2016, fue 143 mil 226. Es decir, 33 mil 500 menos.

Cabe destacar que el número de deportados del continente africano aumentó de forma considerable, pues mientras en 2015 fueron devueltos siete personas, para 2016 la cantidad aumentó a 42.

Es decir, lo que a ellos les sucede es un espejo de lo que viven nuestros connacionales al borde del río bravo.

Entre la población indocumentada que llega a México, el 70% lo representan los hondureños, el 12% salvadoreños, 10% guatemaltecos, 3.5% haitianos, 1.8% Nicarguense y el resto, con menos del 1% cubanos y africanos de Ghana, República del Congo y Camerún.

De acuerdo con el estudio de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México (CNDH) el incremento de las tarifas de los traficantes de indocumentados ha sido un factor de peso para ver a México como destino.

Convencionalmente nuestro país funcionaba como paso hacia la frontera norte, pero no cuenta con los instrumentos materiales para ser recinto de un volumen tan alto de inmigrantes, ya que el telón de pobreza laboral sobre todo en el sureste del país arroja según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) Chiapas (69.1%) Oaxaca (62.0%) Guerrero (60.1%) y Veracruz (52%) son las entidades federativas que encabezan el indicador.

Pese a ello, debemos ser punto de encuentro capaz de servir de plataforma para el bienestar de quienes nuestras tierras pisen, porque las fronteras las ponemos los hombres, pero por encima está la humanidad.

Pasemos de ser geopolíticamente un punto de contención a un espacio de expansión donde nuestra cortina no sea de acero sino de encuentro y solidaridad.