Apenas atajada la intentona legalista de usar el poder del Congreso para realizar maniobras que compliquen la vida institucional del próximo gobierno, de inmediato el régimen yunista instrumentó una nueva operación para dejarlo sin recursos federales disponibles, entre otras artimañas cuyo único fin es obstaculizar, zancadillar, al gobernador Cuitláhuac García.

Las maquinaciones carecen de inteligencia, son burdas, grotescos reflejos de un estado de ánimo patológicamente enfermizo e irremediablemente destinadas no sólo al fracaso, sino a la sanción de la opinión pública y a la tipificación de delitos cuyo sino final sería la punición jurisdiccional.

El gobernador Miguel Ángel Yunes debe darse cuenta de que le quedan cinco días para hacer nada, que pasadas esas cinco jornadas viene la etapa de lo reversible y que los restantes 25 son un mero trámite, donde lo prudente es que pida licencia para no seguir pasando humillaciones que, está visto, ha tenido más que merecidas.