Manuel Huerta Ladrón de Guevara ha hecho lo que era impensable que hiciera hace más de 30 años, cuando junto con Guillermo y Fidel eran el vértice de la aguerrida Ucisv-Ver, célebre por sus marchas, bloqueos y protestas contra el gobierno. Ahora intentó defender el ya veterano líder al presidente municipal de Xalapa, Hipólito Rodríguez, que también ha adquirido celebridad pero no por sus investigaciones científicas, sino por el patético papel que realiza como alcalde.

De paso, el naolinqueño rozó al senador Ricardo Ahued Bardahuil, reconocido por su éxito empresarial, pero sobre todo porque en su ejecutoria pública pocas veces se ha visto que sea incongruente para evaluar situaciones de política y gobierno, o para actuar en consonancia con su pensamiento, que siempre busca el bien de la sociedad. Por eso es ampliamente estimado y muchas voces se han levantado para demandar que sea, incluso, gobernador.

Desgraciadamente en este caso, Ricardo tiene razón y Manuel no. Hipólito es indefendible por el tiradero que tiene en la ciudad, su increíble imprevisión, incompetencia y zafios comentarios cuando es cuestionado sobre el incumplimiento de su responsabilidad.

Tenían razón los que decían, cuando Rodríguez Herrero era candidato, que no es lo mismo estar en un cubículo académico que gobernar una ciudad.