Después del ya célebre cerrojazo al proyecto del aeropuerto en Texcoco, con todas las implicaciones implícitas en tan trascendental decisión, el presidente electo de México ordenó a sus futuros secretarios de Hacienda, de Comunicaciones y al Jefe de la Oficina de la presidencia integrarse en Comisión para reunirse con los empresarios, financieros y contratistas de la obra en cuestión en busca de serenar la controversia en torno al caso. De entrada, Alfonso Romo adelanta la razón del cambio: “un sistema aeroportuario y no un solo aeropuerto”. “Es una decisión de fondo no es un capricho, es una decisión técnica y financiera…”. Provoca, por lo menos, intriga conocer los argumentos a los cuales recurrirán para convencer a quienes se asumen afectados, los mexicanos, de hacer a un lado una inversión de miles de millones de dólares, casi en su totalidad, irrecuperables pagaderos por el pueblo de México. Pero todo sea para el bien del país