La activación de la base aérea de Santa Lucía para uso civil, ubicada en el estado México, y el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, representa un riesgo para la seguridad nacional, ya que en esa terminal militar despegan helicópteros y aviones de la Fuerza Aérea Mexicana hacia diversos estados del país para prestar auxilio a la población en caso de desastres naturales.

Por si fuera poco, en la base militar se realizan trabajos de adiestramiento, vigilancia aérea, operaciones de logística, transporte aéreo y apoyo a la seguridad, coincidieron en señalar Fernando Gómez Suárez, analista del sector aeronáutico, y Julio Jiménez, experto en seguridad de la Universidad La Salle, quienes agregaron que Santa Lucía, como opción para construir una nueva terminal, se saturaría en menos de una década.

Por su parte, Gómez Suárez expuso como solución reactivar el Sistema Metropolitano Aeroportuario para descentralizar vuelos domésticos y descongestionar la saturación en la actual sede aérea, ocasionada por operaciones menores a mil kilómetros.

Es muy diferente la vocación que tiene un aeropuerto militar y uno civil. En caso de desastre natural o una emergencia nacional que amerite la aplicación del Plan DN-III E y en el cual las fuerzas armadas necesitaran operar inmediatamente, ¿a quién le darían prioridad? El factor principal del transporte aéreo es la seguridad y la rapidez, y éstas se estarían vulnerando, porque en realidad habría menos operaciones dada la imposibilidad de operar simultáneamente en el espacio aéreo, sostuvo Gómez Suárez.

Para Jiménez, Santa Lucía es un punto fundamental y el campo más grande del país de la aviación militar para atender cualquier emergencia a escala nacional. “Es una base aérea que se ha ocupado, entre otras cosas, de las operaciones de prevención en el combate a la delincuencia organizada y el narcotráfico. Es fundamental para la seguridad del país.

No está diseñado para ser un aeropuerto civil, ni siquiera su ubicación geográfica está trazada para este tipo de operaciones, por lo tanto no es viable, ya que no cuenta con las condiciones mínimas para garantizar la seguridad de operación y mucho menos para ofrecer servicios de acuerdo con las demandas o reglas internacionales de un aeropuerto como el de Ciudad de México.

En la base de Santa Lucía hay una flota de 342 aviones y helicópteros. Para auxiliar a la sociedad en casos de desastres, se cuenta en especial con 15 aeronaves para transporte de carga y personal, así como 56 helicópteros.

De acuerdo con el sexto Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto, en este sexenio se emitieron 463 declaratorias de emergencia y 179 situaciones de desastre en el país. Además, con la participación de aproximadamente 180 mil elementos, el Ejército y la Fuerza Aérea Mexicana aplicaron el Plan DN-III en 2 mil 105 ocasiones, en beneficio de más de 4 millones 175 mil personas amenazadas por huracanes, tormentas tropicales, lluvias atípicas, frentes fríos, sismos e incendios forestales, en estados como Baja California Sur, Chiapas, Guerrero y Oaxaca, por mencionar algunos, donde se establecieron puentes aéreos en los que se emplearon 73 naves para desalojar a 15 mil 298 personas y transportar 3 mil 177.4 toneladas de víveres.

Con información de LaJornada