En medio de la peor crisis migratoria de que se tenga memoria, por las oleadas de migrantes hondureños y centroamericanos que siguen entrando a territorio nacional con miras a llegar hasta la frontera de Estados Unidos, el futuro presidente, Andrés Manuel López Obrador, se ha mantenido en la misma posición de cautela extrema que, desde que ganó la Presidencia, ha tenido hacia el presidente estadounidense Donald Trump. “Amor y paz, no vamos a pelear, amor y paz”, ha repetido una y otra vez el presidente electo cuando lo cuestionan sobre los dichos agresivos y antimexicanos del señor Trump.

Y se entiende que, a punto de llegar al Palacio Nacional, donde despachará a partir del 1 de diciembre próximo, Andrés Manuel sea cuidadoso y mantenga la cautela extrema para no caer en el juego perverso y electoral de Donald Trump. Pero una vez que se siente en la silla presidencial tendrá que verse de qué esta hecho AMLO y cómo va a enfrentar la complicada relación con el deslenguado presidente vecino. Porque el inicio de su presidencia estará marcado por la posible llegada de las varias caravanas migrantes, cuyos participantes centroamericanos hoy ya se calculan en más de 10 mil en total, entre los tres distintos contingentes que avanzan por territorio mexicano. Peña Nieto, más ausente y débil cada vez, ha dicho que no se permitirá que lleguen a la frontera norte y que sólo aquellos migrantes indocumentados que respeten las leyes mexicanas y que soliciten formalmente el asilo o refugio, podrán permanecer en territorio mexicano. Pero hasta ahora, más allá del discurso, el gobierno saliente no ha hecho nada en términos concretos, más allá de tirar garrotazos y gases en la frontera con Guatemala para después verse rebasados, y ha permitido que las distintas caravanas avancen prácticamente escoltadas por la Policía Federal. Y mientras eso sucede y el discurso antiinmigrante y xenofóbico de Trump se radicaliza, al mismo tiempo que le suma votos del electorado blanco medio e ignorante, los migrantes centroamericanos avanzan diariamente kilómetros en su paso, en tanto que al mismo tiempo más de 7 mil soldados del Ejército de Estados Unidos han llegado a la frontera con México y han comenzado a formar una barrera militar en la que, además, están colocando alambre de púas en la línea fronteriza, como un mensaje claro de hostilidad y rechazo a la migración indocumentada, ya sea centroamericana o de México. Para colmo, con esa imagen de una frontera militarizada y cada vez más hostil a las caravanas, se anuncia ayer que el “maravilloso” y “hermoso” muro de Donald Trump, el que tanto prometió en campaña y por el que tanto ha peleado contra el Congreso de su país, comenzará finalmente a construirse en Texas el próximo mes de febrero, con 10 kilómetros iniciales entre Reynosa, México, y Mc Allen del lado del condado texano de Hidalgo.

Es un hecho que las caravanas seguirán y que será en el gobierno ya de López Obrador cuando se dé su llegada a la frontera estadunidense, que se estima podría ocurrir entre nales de este año y principios del próximo. La administración lopezobradorista arrancará con la frontera norte militarizada, con un muro que avanza y cubierta de púas, lo que nos lleva a pensar por cuánto tiempo más se mantendrá la posición cuidadosa de AMLO, ya como presidente, para evitar confrontarse con Trump o responderle cuando ataque o amenace a México y a los mexicanos. ¿Será que en vez de la política del “amor y paz” pasaremos al “amor y púas”. La noche que perdió Romo. El empresario Alfonso Romo, que ha dicho, en su papel de un hombre clave en el triunfo arrollador de Andrés Manuel López Obrador el pasado 1 de julio, que su única misión en el equipo del próximo gobierno es sólo una: “Vigilar que el dólar se mantenga y que la conanza de los mercados y los empresarios, no se pierda”, sufrió un duro revés con la decisión de cancelar Texcoco como sede del nuevo aeropuerto de la CDMX.

Romo fue siempre un convencido de que la opción más viable era el aeropuerto que está en proceso y que cualquier otra alternativa que signicara cancelarlo sería demasiado costo para el país. Y así se lo dijo siempre al presidente electo y al equipo de colaboradores que discutió y analizó el tema hasta la consulta realizada el pasado n de semana. No era el único en el equipo lopezobradorista que defendía Texcoco, también Marcelo Ebrard y su grupo se manifestaron a favor de continuar las obras en los actuales terrenos, pero al nal todas esas voces fueron apabulladas por el resultado de la consulta y por la opción de construir dos pistas en Santa Lucía, que empujaban Javier Jiménez Espriú y el “asesor” de AMLO en el tema aeroportuario, el empresario José María Rioboo. Pero don Alfonso nunca dejó de dar la batalla por la convicción que tenía a favor de Texcoco. Todavía la noche del domingo 28, cuando ya se sabían los resultados arrolladores de la polémica consulta popular, López Obrador llamó a una reunión a sus colaboradores más cercanos relacionados con el anuncio que iba a hacer el lunes 29 sobre la decisión mayoritaria que había tomado la población participante (70%) en favor de Santa Lucía y de la ampliación del actual aeropuerto de la CDMX y de Toluca y rotundamente en contra de Texcoco, que apenas alcanzó, según los organizadores, el 30% de los votos. En las ocinas de la Colonia Roma, AMLO pidió la opinión de cada uno de los asistentes a la junta antes de hacer pública su posición al día siguiente. Cuando le tocó el turno a Romo, el empresario volvió a la carga: “Es un error cancelar Texcoco, el costo ante los mercados y la conanza de los empresarios será muy alto, hay que reconsiderarlo”, pedía el ingeniero. Pero después de escuchar los argumentos del regiomontano que lo apoyó durante su campaña precisamente con las relaciones con el sector empresarial, el presidente electo le contestó sarcásticamente a Romo: “¡Mira como tiemblo!.. Tú crees de verdad que por 30 ricos dueños del dinero voy a desoír la opinión de casi 700 mil personas que pidieron cancelar Texcoco?”. En la pregunta iba implícita la respuesta. Y al día siguiente vino el anuncio que sacudió al peso y provocó un aumento del dólar que ayer viernes siguió por arriba de los 20 pesos y que provocó también la caída de la Bolsa de Valores, además del incremento de riesgo crediticio y de inversión para México por parte de varias calicadoras internacionales. Así que Romo, que al nal apareció institucional en el anuncio de la cancelación de Texcoco y que incluso dijo que “no pasa nada” con esa decisión que tomaría López Obrador a partir del 1 de diciembre, tuvo que hacer a un lado sus convicciones y practicar el deporte favorito en la política: el de tragar sapos sin hacer gestos.

Notas indiscretas… A propósito de Trump y López Obrador, mucho se ha dicho y escrito sobre las similitudes y diferencias entre estos dos políticos que tienen orígenes y formaciones políticas totalmente disímbolas, pero que coinciden en algo: los dos saben aprovechar muy bien las redes sociales para actuar políticamente como candidatos, como electos y como gobernantes. Por ejemplo, esta semana, mientras en México Andrés Manuel declaraba en YouTube una sui géneris “independencia” de las calificadoras internacionales que rigen a los mercados financieros de todo el mundo globalizado, incluidos los de México, Trump ayer sorprendía al anunciar las inminentes sanciones a Irán con una imagen en Twitter similar a la popular serie de Game of Throns. Esta claro que a los dos presidentes de cada lado del Río Bravo les gustan y saben utilizar muy bien las “benditas redes sociales”, AMLO dixit…. Los dados mandan Escalera doble para todos los amados y recordados difuntos. Buena semana.