Andrés Manuel López Obrador aún no toma posesión de la presidencia de la república y ya tiene enfrente a, por lo menos, dos de los poderes fácticos más fuertes en la sociedad mexicana; los empresarios y la Iglesia, sobre esta última es posible deducirlo por las declaraciones del vocero de la Arquidiócesis xalapeña, José Manuel Suazo Reyes, cuyo comunicado dominical no deja lugar a dudas: “Se esperaba una transformación pero positiva, no que los servidores públicos electos se confabularan para robarles los valores que aún le quedan y que son los que sostienen todavía su esperanza”. Tales valores son “las instituciones familiares y la vida”, y se manifestó en contra de las iniciativas para legalizar el aborto, de la mariguana y la amapola, ña eutanasia, la “renta de vientres” o maternidad subrogada, que “atentan contra los derechos fundamentales”. No para allí la desavenencia y anuncia la formación de la Coalición Suma de Actores Sociales, para convocar a una resistencia civil contra la afrenta “a los valores sociales”. Pero tales son gajes de toda Transformación social, así ha ocurrido siempre en el pasado, la única diferencia es que de esta aún no sabemos cómo terminará.