Nuevamente aparece la Iglesia Católica con una fuerte crítica al Congreso del Estado, esta vez por haber aprobado la Ley de Voluntad Anticipada. Como se sabe, ésta consiste en no someter a un enfermo en estado terminal a procedimientos artificiales que prolonguen su vida, cuando ésta se encuentre irremediablemente comprometida.

La iniciativa fue aprobada por 39 votos a favor y 4 abstenciones de los 50 sufragantes que deberían ser, lo que quiere decir que el acuerdo de los diputados fue abrumador, y que entre ellos se encuentra una gran cantidad de panistas, usual y regularmente alineados con las ideologías medievales que intenta imponer la romana.

El vocero de la arquidiócesis se queja de que no hubo consulta y arremete contra la presidenta panista del Congreso María Elisa Manterola.

Lo que finalmente se echa de ver es que sus propios aliados albiazules se la pasaron de humo a la Iglesia, seguramente conscientes de que se opondría y acaso fatigados de recibir presiones católicas para manipular su conciencia en temas que esa vieja institución pretende mantener como parcelas espirituales, pero cuyos propósitos realmente son políticos.

Como siempre.