La política es y seguirá siendo una de las actividades más nobles del acontecer humano, aunque esa condición se ensombrezca debido a las penurias de la condición humana. ¿Cuántos actores políticos surgen a la palestra pública investidos como adalides de la defensa ciudadana, pero que una vez “tocados” por el poder olvidan sus primeras intenciones? Así sucedió con el actual dirigente sindical de Teléfonos de México, quien incursionó en la lucha sindical como guía de la democracia gremial, y una vez conseguido su propósito de derrocar al dirigente en turno se ha convertido en cacique sindical. Pero quizás lo explica mejor Evo Morales, presidente de Bolivia, quién después de recibir un doctorado honoris causa de la Universidad de San Carlos de su país, confiesa que su problema radica en no querer dejar el poder porque ya “se acostumbró” a ser presidente y ahora “no quiero salir, y ese es el problema que tengo”. Tal es un fenómeno que atrapa al hombre, ya sea en Bolivia, en China y si allá sucede ¿por qué tendría que ser México la excepción? ¡Aguas! “El golpe avisa”, dicen en el llano.