Los presagios son muy evidentes, nadie debería llamarse sorprendido por cuanto a lo que está a punto de ocurrir en la aldea veracruzana una vez concretada la transferencia del poder, al menos así lo manifiestan los síntomas de auténtico encono político entre quienes llegan y los que se van. Preocupados, o al menos muy ocupados deben estar quienes tuvieron la encomienda de aplicar el recurso público en la administración saliente porque serán revisados a detalle, y si el monto es cuantioso, como en el caso de la Secretaría de Salud en donde al responsable del recurso parece no cuadran los números, entonces el pronóstico es reservado porque allí se habla de negocios turbios en la compra de medicinas y equipo, así como en la remodelación de áreas hospitalarias que hacen recordar muchos casos del duartismo y que en materia de dinero público en cualquier fogón se cuecen habas.