CAMALEÓN

Por Alfredo Bielma

En el eterno fluir de los acontecimientos podemos advertir la dinámica de los mismos, todo cuanto fluye camina hacia un propósito y su duración es incierta; también se observa que todo cuanto sube, baja, lo cual pareciera una verdad de Perogrullo, pero sin duda es irrebatible, semejante a aquello de “todo lo que empieza, termina”. La perspectiva histórica del acontecer humano guarda en sus registros milenarias enseñanzas sobre este particular, los romanos solían sintetizarlo con significativa locución latina: Sic transit gloria mundi, cuyo significado, “Así pasa la gloria del mundo”, nos revela su concepción sobre el efímero paso del hombre y sus acciones en esta dimensión terrena.

Sin embargo, es proverbial la versátil capacidad humana para olvidar ese fugaz tránsito e inadvertidamente actúa como si todo fuera permanente y no transitorio. Bien lo paga con la nostalgia, pues al aferrarse a lo inevitable le acarrea no pocas desilusiones y frustraciones.

Tal fenómeno lo comprobamos con ricas experiencias en la actividad política, en la cual la condición humana se expresa en toda su magnitud, pues los individuos, una vez tocados por el poder, se comportan a la usanza de semidioses, y lo risible radica en que los demás le atribuyen esa condición. Sin embargo, es solo ilusión óptica magnificada por el entorno de subdesarrollo político y cultural: a mayor ignorancia el Tlatoani crece, pero en una sociedad mejor enterada y más participativa en asuntos de la cosa pública, el Tlatoani se convierte en el servidor de todos, sujeto al escrutinio y voluntarioso afán de la mayoría, esto aún no sucede en México, lamentablemente.

Pero los tiempos que ahora transcurren en nuestro país son de cambio, aquí experimentamos el tránsito de un régimen a otro, es la metamorfosis del Sistema Político de un país por mucho tiempo acondicionado a una forma de gobierno con clase política divorciada de la sociedad, ajena al interés público. La interrogante inquiere sobre si la invocada transformación nos conducirá a puerto seguro, o nos ubicará en el incierto contexto de caminar en reversa, en vez de avanzar hacia el progreso. Todo dependerá de un nuevo gobierno que postula el cambio como divisa, porque no es asunto de oficioso cambio sino de materializarlo para mejorar. Si el presidente entrante, Andrés Manuel López Obrador, logra reorientar hacia avatares superiores al país saldremos adelante, de otra manera nos colocará en una más de las crisis recurrentes del pasado.

Mientras tanto, en lo inmediato, asistimos al relevo sexenal, aunque en esta ocasión con ribetes diferentes, pues se pretende transformar las estructuras económicas y políticas, ya no más poder político sometido al económico, es la divisa fundamental de AMLO transmitida a MORENA, y para tal fin su brazo legislativo es el Congreso Federal en donde formula cambios sustantivos en el marco normativo federal, reforma la Ley Orgánica de la Administración Pública, hace chiquita a la Secretaría de Gobernación, crea y fortalece la Secretaría de Seguridad Pública, otorga a la Secretaría de Hacienda un poder omnímodo al concederle la facultad de controlar las unidades administrativas de las Secretarías de despacho, legisla para otorgarle al próximo gobierno el andamiaje legal ad hoc a sus propósitos, aunque en sus prisas atropella intereses, pisa callos y provoca reacciones entre los amos del dinero, la Bolsa de valores y los bancos entre ellos.

Pero todo cambio del calado que pretende López Obrador en México requiere de eso y mucho más, y facilitaría si hubiera sinergia completa para conseguir las metas, pero obviamente encontrará resistencias, reflejadas en la lucha de lo que se va contra lo que viene. ¿Lo conseguirá López Obrador?

Aparentemente, el resultado electoral favorable todo lo acomodó: Congreso mayoritario y legislaturas estatales de la misma filiación así lo demuestran. Pero, como siempre, en sentido contrario caminan los problemas sociales y las condiciones económicas del país, además, México no navega en solitario pues es un internauta más en el ancho mundo en que se mueve. Y qué decir del recurso humano que acompaña a López Obrador en esa enorme tarea, ese es tal vez uno de los retos más difíciles a vencer.

MORENA es un Movimiento muy plural y diverso en sus orígenes, pues se vio obligado a recibir el apoyo de grupos anti sistema, antigobiernistas y gambusinos políticos en busca de poder, por lo cual le será difícil depurar sus líneas en lo inmediato, intentarlo en plena faena reformatoria implicaría alejar a no pocos de quienes quieren su tajada de poder, o, peor, ponerlos enfrente de sus propósitos, cuando ya tiene suficiente con los partidos de enfrente.

Allí reside precisamente el quid de las prisas de MORENA, bien saben el desgaste que ocasiona el ejercicio del poder, y la importancia de la elección intermedia en 2021; conscientes que por el momento la oposición está aún bajo el sopor de la derrota y los efectos de la incertidumbre, conocen también su capacidad de recuperación, pues se recompone y reorganiza a la vez.

No obstante, MORENA cuenta con otra ventaja: de la oposición solo el PRI y el PAN están equipados para competir con solvencia; pero el PAN atraviesa por un periodo cismático por la elección de sus dirigencias, nacional y estatales, en el cual se advierten a su interior signos divisionistas, fomentados aún más por el anuncio de Calderón de formar un nuevo partido. Por su parte, el PRI, la tiene más difícil, pues acarrea sobre sus hombros el pesado estigma de la corrupción, esa será la espada de Damocles que el gobierno entrante esgrimirá en su contra durante al menos el primer año de ejercicio, en parte por lo que saldrá a luz pública, y para justificar el retraso en el cumplimiento de las promesas de campaña. Otro factor de no menor importancia es el económico, pues, entre las multas a pagar y la sustantiva reducción de las prerrogativas combinan un coctel de serias limitantes para la acción y su recomposición.

Así es, todo lo que sube, baja, todo lo que empieza termina, persecula seculorum.

alfredobielmav@nullhotmail.com