Poco vivirá el que no alcance a presenciar la renuncia (licencia) del alcalde Hipólito Rodríguez Herrero a la alcaldía xalapeña.

Los primeros síntomas de que va en caída libre tardaron un poco pero ya empezaron a aparecer. Aún más relevante que el retiro de la, dicen que todopoderosa síndica, resulta el “cepillado” que está padeciendo el desubicado munícipe en los recorridos que hacen el gobernador electo, Cuitláhuac García Jiménez y el senador Ricardo Ahued Bardahuil para supervisar obras financiadas por la iniciativa privada en el distribuidor Araucarias.

La exclusión es terrible, a menos que el propio Rodríguez Herrero haya decidido no acompañarlos, en cuyo caso los resultados serán igual de catastróficos.

Recuérdese la crítica de Ahued a la des-gestión del alcalde y la respuesta virulenta que recibió. La compañía del senador a Cuitláhuac (o viceversa) revelan que están en la misma sintonía, que colaboran e intentar llenar el hueco ausentista del edil, o simplemente que le están diciendo que con él no quieren nada.

Hipólito tendrá que irse, sí, por lo que no ha hecho, pero también por lo que claramente se ve que no tiene el menor ánimo de hacer.