SalvadorGarcía Soto

Caída en oídos necios que la tomaron no como consejo sino como ataque, la advertencia que lanzó el prestigiado constitucionalista y ex ministro de la Corte, Diego Valades, sobre la situación en que se encuentra Andrés Manuel López Obrador, en su reforma histórica de separar al Poder político del poder económico, es un llamado al futuro presidente a revisar y repasar la solidez del proyecto político y el acompañamiento y lealtad total que necesitará de sus mayorías en el Poder Legislativo y de los miembros de su gabinete para enfrentar desde Palacio Nacional al enorme poder de facto acumulado por los poderosos hombres del dinero durante los últimos 25 años.

Aunque no gustó el mensaje y mucho menos el mensajero (por las críticas y ataques en las redes a la revista Proceso) no le falta razón al jurista de la UNAM cuando advierte que un López Obrador aislado del acompañamiento de sus equipos tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo enfrentaría con más dificultades y mayores riesgos el cisma que representa separar y sacar a los enormes intereses económicos que durante los últimos sexenios fueron copando y controlando las decisiones y las políticas del gobierno. La cruzada, alerta el constitucionalista, no es menor y para enfrentarla con éxito se necesita que todos los aliados del presidente electo trabajen en el mismo objetivo y arropen al jefe del Ejecutivo en sus prioridades y sin actuar motu proprio en temas que le pueden complicar el ambiente político.

Y no es que Valadés ignore el enorme apoyo popular que acompaña al presidente, incluso mayor al del voto mayoritario en las pasadas elecciones, pero lo que cuestiona el ex ministro es si todos los grupos y corrientes que conuyen en Morena y que rodean a López Obrador, están actuando de manera coordinada y atendiendo los pasos del futuro mandatario. Y es que cuando Andrés Manuel aún enfrenta la turbulencia legal y nanciera de su decisión de cancelar el nuevo aeropuerto en Texcoco, algunas cabezas de Morena toman decisiones que parecen aceleradas y que pueden agitar aún más el ambiente cuando faltan apenas tres semanas para la toma de posesión.

Eso es lo que Diego Valadés advierte como el “error desconcertante” del presidente del Senado, Martí Batres, quien en un afán de hacer valer su autoridad, mandó un ocio en el que ordena al director del Diario Ocial de la Federación la “inmediata publicación” de la Ley de Remuneraciones de los Servidores Públicos, para que entre en vigor también de manera inmediata al día siguiente de su publicación. Al tratarse de una ley impulsada por las bancadas de Morena en el Congreso y que contiene disposiciones que pueden ser impugnadas y que de hecho lo están siendo ya en recursos de jueces y magistrados del Poder Judicial, de universidades públicas y de algunas instituciones autónomas, la citada ley se va a convertir en una fuente de confrontación y enfrentamiento con el nuevo gobierno por parte de una burocracia descontenta e inconforme con la disminución generalizada y a rajatabla de sus salarios.

Ya se sabía que, si bien concita oleadas de apoyo popular, la Ley de Remuneraciones contiene disposiciones que aún pueden ser combatidas e impugnadas legalmente y que pueden incluso terminar en la Suprema Corte, pero lo más grave, que pueden y están provocando una sacudida de demandas, renuncias y jubilaciones anticipadas en una parte importante de la burocracia federal. Por eso acelerar y apurar su publicación, como lo hizo Batres con su ocio imperativo, es visto por Valadés como una señal de que los grupos de Morena no necesariamente están cuidando o pensando en las prioridades de López Obrador y corren el riesgo de dejarlo solo, aislarlo, con el consecuente riesgo para la fortaleza de un presidente que se propone cambios drásticos que tocan intereses tan grandes como los del capital nacional y trasnacional.

Hoy mismo Andrés Manuel López Obrador ha convocado a todo su gabinete y a las fracciones de diputados y senadores a una reunión en un hotel del centro de la ciudad en la que se trazarán directrices sobre cómo se debe de actuar de manera coordinada y consensuada y no por los arranques, decisiones e intereses de cada grupo, liderazgo o corriente de las muchas que integran el próximo gobierno. La reunión ocurre justo después de que en la entrevista a Diego Valadés se lanzara la advertencia de que al presidente electo lo están dejando solo en sus delicadas cruzadas y que, cuando aún no termina de enfrentar una batalla que apenas empieza con los empresarios, sus propios correligionarios le están abriendo nuevos y delicados frentes antes de llegar a la Presidencia.

Es decir que, aunque a algunos de sus muy cercanos les irritó la muy delgada piel la portada de una revista ya que, al percibirla cercana, sintieron un ataque en la advertencia de su cabeza principal, parece que al presidente electo sí le llegó el mensaje de que no puede permitir ni permitirse que, a unas semanas de tomar posesión del cargo, sus propios colaboradores y bancadas le estén ocasionando tormentas que le pueden afectar innecesariamente su asunción. Veremos que les dice hoy y cómo se entendió el mensaje, más allá que les haya incomodado el mensajero.