Lo ocurrido en Orizaba refleja el grado de descomposición al que han llegado las corporaciones policiacas en nuestro país, el asesinato de dos jóvenes profesionistas baleados por policías municipales es la dramática repetición de lo ocurrido en Tierra Blanca y en muchas partes de nuestro país, crímenes cometidos por quienes se suponen están al cuidado de la seguridad pública. Ha sido constante el clamor sin oídos para recomponer las corporaciones policiales, el presidente Calderón y gobernadores firmaron incontables acuerdos sin resultados positivos, Peña Nieto fracasó en el propósito y las consecuencias están a la vista. Dos vidas de jóvenes inocentes fueron segadas por criminales con placa, la pena para ellos debiera ser de doble peso porque defraudaron la confianza pública en ellos depositada y abusaron de poder con alevosía y ventaja. De nada sirve a los deudos adoloridos con dolor profundo, pero el reclamo es social, justicia, por lo menos.