Muy mal está terminando el bienio de Miguel Ángel Yunes Linares, sin haber cumplido las expectativas que tuvieron los votantes al elegirlo en 2016. Aparte del fracaso del proyecto político familiar y las peculiaridades en el carácter del gobernador, uno de los aspectos que le fueron criticados desde un principio fue el mal equipo que integró para gobernar. No fue un gabinete de crisis, como el que se necesitaba, sino un gabinete caprichoso, inexplicable, con funcionarios incompetentes y grises en áreas vitales.

Ahí estuvo un coordinador de Comunicación Social que nunca comunicó; un secretario de Seguridad Pública falto de experiencia y tamaños; un secretario de Educación experto en reclusorios; un secretario de Gobierno experto en enriquecerse; una secretaria de Desarrollo Social que no era la niña genio que el mandatario pretendía… hubo crisis, pero en el gabinete.

Tal experiencia de su antecesor debe ser metabolizada por el futuro gobernador Cuitláhuac García para nombrar en las áreas estratégicas y conflictivas a personajes caracterizados por su alto nivel profesional y compromiso social incuestionable, porque los veracruzanos ya no podríamos soportar nuevos experimentos.

Faltan los nombramientos neurálgicos en la Contraloría General del Estado, la Secretaría de Finanzas y Planeación, la Secretaría de Educación y la Secretaría de Seguridad Pública.

Esperemos.