La Secretaría de la Función Pública, cuya titular es Arely Gómez, es una pieza importante en la estructura del Sistema Nacional Anticorrupción, a su área corresponde vigilar el correcto desempeño de los Órganos Internos de Control en la administración federal. En entrevista para Excélsior, la señora Gómez reconoce la dificultad de su encomienda porque encuentra mucha resistencia y genera molestia entre los revisados. Señala que la corrupción de los gobernadores marcó profundamente al gobierno del presidente Peña. A quienes en el nuevo gobierno suponen que anteponiendo la buena fe, por sí, se combatirá con eficacia la corrupción, harían bien en abrevar de la experiencia narrada por la titular de la Función Pública para medir bien a bien el tamaño del monstruo que enfrentarán. Ahora, si en seis años son capaces de abatir sustancialmente los índices de corrupción en nuestro país, seguramente se harán acreedores a amarfilados monumentos al mérito ciudadano.