David Quitano

“Cada generación ha construido su propio Maquiavelo”

Gennaro María Barbuto

Desde el momento en que Maquiavelo invita a poner atención en las cosas concretas, una de la cuales es la política; muchas veces para mantener el poder, el hombre de Estado se ve obligado a operar contra la fe, la caridad y la religión. Su visión descarnada le valió el calificativo de impío o de hombre cercano a las cosas demoníacas.

Es sabido que el término “maquiavélico” indica la maldad y la perversión humana. Sin embargo, junto a esa mala reputación, una lectura menos superficial invita a descubrir en el escritor florentino una perspectiva de largo aliento.

El deseo de Maquiavelo – al igual que el nuestro -es que nazca o renazca la unidad nacional; que se solucione la violencia.

Maquiavelo no se limitó a describir con tonos lúgubres la naturaleza humana; también propuso una ruta de mejoramiento social y político porque se muestra a su vez como una salida del desorden imperante en su época.

Ante ese entorno, podríamos puntualizar algunos aspectos que deben considerar quienes se encuentran próximo a gobernar, para sostener la república y fortalecer el Estado de derecho.

Interesante sería tomar en cuenta algunos matices de obras como “El Príncipe” y los “Discursos” mismos que no son libros contradictorios, sino complementarios. Presentan aspectos de un mismo problema: el estudio de la manera en que los Estados se construyen, se desarrollan y decaen, y los medios gracias a los cuales los estadistas y los pueblos pueden actuar con vistas a un bien superior por encima de los intereses particulares.

Maquiavelo critica a los políticos que no entienden la alta responsabilidad de ver por el conjunto de la sociedad y que se quedan en el nivel que le corresponde al súbdito. Dice: “El reto es observar no tanto a los árboles sino el bosque”, su perspectiva es de previsión a los acontecimientos”.

Una cosa que distingue a los grandes políticos es que no hicieron lo que quisieron sino lo que debían hacer. Ésa es la sabiduría con la que debe actuar el estadista: pensar en qué momento le tocó vivir y actuar en bien de la sociedad.

Maquiavelo puntualiza que los reinos perdurables y prósperos en el tiempo no se construyeron con “Padres nuestros”; ellos necesitan ser conducidos siguiendo la lógica del poder que tiene sus procedimientos y dinámica propia.

Templanza y previsión son virtudes raras en los hombres, pero indispensables en el estadista. El secreto de la acción política no está en producir la estabilidad con base en la inmovilidad o la parálisis, sino hacer que las instituciones canalicen sabiamente las energías de la sociedad.

Nos dice que la exclusión es lo que produce el conflicto destructivo que termina por arrasar al Estado y la sociedad.  Ya que cuando el poder es recién depositado en un individuo presume pensar que será perenne, pero, si algo es móvil es el mismo.

Maquiavelo es el escritor que entiende la tarea del estadista como la misión más alta que le pueda ser encomendada a un individuo. *

Hoy que México parece una estufa de butano, quizás la visión republicana de Maquiavelo nos ayude a robustecer las columnas que sostienen esta gran nación. Porque en el filósofo florentino no había más que esperanza, concebía a la política como “el arte de lo posible”, artificio frente a la naturaleza beligerante del hombre que ostenta el poder.

Para concluir,  me permito recomendar el libro “A 500 años de El Príncipe” Coordinado por Samuel Schmidt y Antonio Hermosa.

*Lo que le debemos a Maquiavelo por José Fernández Santillan.