Está comprobado que toda transformación de estructura social, política y económica implica una ruptura con el orden establecido y que, por consecuencia, se desatan pugnaces controversias entre quienes defienden el orden establecido y quienes pugnan por trastocarlo e imponer uno nuevo. Por esto no extraña cuanto está sucediendo en México. Sin embargo, en las prisas por conseguir cuanto antes los objetivos trazados, MORENA ha abierto frentes de desencuentro en, por lo menos, dos factores de poder fáctico en nuestra sociedad: los empresarios y la Iglesia, lo cual no es poca cosa, según experiencias del pasado nacional. Si a ese entorno se le agrega el nada gentil trato a las fuerzas armadas, entonces el panorama prescribe pronósticos reservados de signos preocupantes.