Entre Columnas

Martín Quitano Martínez

mquim1962@nullhotmail.com

Sin desarrollo nacional no hay bienestar ni progreso.

Cuando hay miseria y atraso en un país, no solo sucumben la libertad y la democracia,

 sino que corre peligro la soberanía nacional.

Arturo Frondizi.

 

El Informe 2018 de Latinobarómetro muestra graves y preocupantes retrocesos en el entorno sociopolítico nacional y continental. Es el caso de la percepción sobre el progreso como una de las ofertas de la democracia. Desde hace 8 años en forma sistemática, en Latinoamérica se pierde la idea de progreso, porque es referencia de cada vez menos personas. En nuestro país solo el 14% por ciento piensa que se está progresando, ampliándose un malestar que cuestiona las formas que le sustentan, en cuanto referencias de representación y gobierno.

Para el 35% de los países en Latinoamérica, el problema mayor que  enfrentan es el deterioro económico, el desempleo, los bajos salarios, la pobreza, circunstancias cotidianas y cercanas que agobian y laceran el tejido social; le siguen la delincuencia-inseguridad con el 19% y la situación/problemas de la política y la corrupción con el 9%.

La percepción respecto de una buena situación económica es muy baja. Hace 5 años se registraba que un 25% de la población creía que la había, ahora la cifra se promedia en 12%; en  Venezuela prácticamente nadie aprecia que se tenga. Hay diez países, entre ellos México con 9%,  donde el 10% o menos de su población piensa que existe una buena situación económica. ¿Sorprenden los malos humores sociales cuando la cotidianeidad nos golpea tan severamente? Para nuestro país, el 54% de la población habla de que hay mala situación económica, cuando el promedio latinoamericano es del 42%.

A contramano, las expectativas de los ciudadanos respecto del futuro son muy altas. En Latinoamérica el 45% piensa que su futuro económico será mejor,  independientemente de la percepción actual y de crisis padecidas; en México el 47% de la población cree que su futuro económico personal será mejor y esto en relación directa con el arribo de su nuevo gobierno.

Las condiciones económicas refieren en sí mismas una complicada solicitud para los gobiernos de la región, y México se inscribe en este apartado. La bajísima credibilidad en los gobiernos establece un reto poderoso, un desafío respecto de los logros por alcanzar, donde la recuperación económica define las bases de consolidación del gobierno que dentro de poco iniciará su ejercicio, donde solo el 14% por ciento de la población está satisfecho con la situación de la economía.

Aquí datos duros que explican buena parte de los embates que actualmente enfrenta la democracia como opción de gobierno, pues en regímenes que la practican no se han hecho realidad las condiciones de desarrollo que se ofrecieron. Tampoco se ha logrado respaldar la tranquilidad y la justicia social, pues ha aumentado la pobreza y se han hecho añicos para millones las aspiraciones de una vida mejor.

La violencia parece ser el resultado de una democracia que no aplica la justicia, que permite arbitrariedades y construye impunidades. La percepción, la vivencia del retroceso del progreso está allí en datos y cifras, pero sin duda se hacen presentes en la vida cotidiana de todos.

El hartazgo ocasiona un vacío de credibilidad respecto de las ventajas de la vida democrática y abre puertas a cuestionamientos y más aun a la justificación de visiones que buscan salidas ante la crisis de resultados positivos para las mayorías. El apoyo y debilitamiento de la democracia también es puesto en el análisis de Latinobarómetro y esperamos comentarlo en la próxima entrega.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

¿Es de interés público el borrón y cuenta nueva?