El dicho campestre reza: “a ése, como a los caballos viejos, ya no le queda más que el relincho”.

Y esto bien puede aplicarse al diputado Sergio Hernández Hernández y al gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, quienes habiendo perdido el poder que llegaron a acumular hace dos años, no les queda más que emitir opiniones insípidas mediante las que recomiendan a sus adversarios políticos la observancia de conductas que ellos se complacieron en seguir jamás.

El diputado, que se dedicó a sobornar a sus compañeros de otras fracciones para llevarlos a su corral, que acaparó las comisiones legislativas, abusó de los recursos congresales para su deleite personal y no respetó los acuerdos para el control de la Junta de Coordinación Política, ahora se queja de que los diputados de Morena avasallaron en las comisiones, lo que considera (¡qué descubrimiento!) algo nocivo.

Y el gobernador, que puso a un empresario, político priista antiguo y burócrata administrativo a dirigir el Poder Judicial, sin conocimiento legal y por encima de quienes sí tienen carrera jurisdiccional; y que hizo magistrado a su secretario particular, ahora clama porque el próximo gobierno respete la autonomía del Tribunal Superior, lo que él nunca hizo.

Lo que hoy aconsejan lo hubieran hecho cuando podían.