Después del show caracterizado por la toma de las instalaciones del Congreso local, tras una sesión desangelada cerró sus funciones la LXIV legislatura en cuyo recuento no se registran hechos de trascendencia en beneficio de los veracruzanos; un balance de su actuación arroja datos para el olvido, ni uno para enaltecer la acción de un Poder al servicio de los veracruzanos. En el recuento de los daños, por lo costoso de su operación, se diría que la legislatura antecesora (la LXIII) supeditó al pie de la letra sus funciones a la consigna tirada desde el Poder Ejecutivo, ese guion lo retomó la actual en honra a la abdicación de su autonomía. No hubo cambio, solo sombras en actitud servil.