Quien empezó el bienio con grandes expectativas para realizar un buen trabajo al frente de la Fiscalía, luego de manejar algunos asuntos desde el ámbito privado que implicaban una confrontación con el poder duartista, es hoy una especie de funcionario infecto cuya conducta, frivolidades y deshonestidad causan un profundo desagrado.

Este día 6 fue un martes negro para él. Dos poderosos tsunamis amenazan con arrollarlo, el uno para el fincamiento de juicio político y el otro directamente para el juicio penal. Y dos connotados abogados veracruzanos emplean su talento para que los errores, omisiones y actos corruptos del fiscal general no queden en el olvido ni continúe impunemente dañando el sistema de procuración de justicia.

Primero fue presentada ante el Congreso una demanda de juicio político, donde hizo frente Iván Gidi, de la Organización Nacional Anticorrupción, pero cuya tesitura jurídica corresponde al letrado Juan José Llanes Gil del Ángel, muy acostumbrado a ganar juicios laborales y penales. Casi al mismo tiempo, el enérgico jurista Jorge Reyes Peralta dio a conocer algo que no se había sabido: que aparte de montar shows, Winckler empleó la tortura y los delitos que le son accesorios.

Si a estas acciones jurídicas le añade usted la molestia de los colectivos de desaparecidos y la indisposición del futuro gobernador, del inminente secretario de Gobierno y de los ya diputados, pues nomás échele.

Seguramente no quiso hacer bien las cosas, pero acaso aunque hubiera querido, lo avasalló la personalidad de su jefe el gobernador, que no es de los que suelen aceptar un no.