Es afamada la frase “tragar sapos”, referida en política para describir el temple que supuestamente todo político debe tener para resistir situaciones rayanas en la afrenta, voluntariamente o impuestas por las circunstancias, algunas suceden en privado, que el decoro oculta, pero otras acontecen en foros públicos, son las destacadas por su indiscutible evidencia. Ajenas a su voluntario concurso, el diputado Héctor Yunes Landa se ha visto expuesto en dos bochornosas situaciones, la primera es aquella cuando Duarte de Ochoa le entrega, y él recibe aunque luego devuelve, una caña de pescar con la recomendación de pescar corruptos, llevaba el mensaje expreso de hacerlo en Boca del Río; el segundo se dio el domingo cuando le impiden subir al templete en donde se encontraba el presidente López Obrador y el gobernador Cuitláhuac García. Hasta un novicio en estos menesteres deduciría que Héctor Yunes Landa no intentaba acceder a ese espacio sin la invitación correspondiente, pues, curtido como está en las solemnidades de la política, sabe del ceremonial en estos casos. Pero son los gajes de este oficio, en el cual tragar sapos es rutina de añejo molde, y en el llano cada quien lo mira a su manera.