Tuvo que transcurrir mucho tiempo para instalar en México la figura de instituciones autónomas del poder político, a salvo de la interferencia de intereses ajenos a su función, esos siempre atentos a imponer la voluntad de grupo sobre la función para la cual fueron creadas. Desde su creación, el Banco de México estuvo amortajado al capricho de gobernantes, la Comisión Federal Electoral maniató el desarrollo democrático formulando elecciones a modo del gobierno, la Procuraduría de Justicia manipuló las leyes según los dictados desde el poder. El Banco de México ya goza de autonomía y la política monetaria del país está a salvo, la CFE fue sustituida por el IFE-INE y coadyuvó para la alternancia en la presidencia, el INAI da tumbos, pero garantiza la transparencia en la función pública, camina perfectiblemente, etc. Sin embargo, ahora, un gobierno emanado de una elección cuyos resultados garantiza el INE, sin alterar la paz pública ni oposición legal a sus resultados, asesta duro golpe a esa autonomía, INE, INAI, entre otras instituciones autónomas, ven reducidos sus presupuestos, ¿por qué, cuál propósito guía esa medida? Pudiera deberse a una intención de controlarlas, o peor, desaparecerlas por representar un molesto obstáculo institucional. Ojalá no sea así, pero así parece.