Línea Caliente

Por Edgar Hernández*

 

¡Tampoco subirá al ring para pelear con Cuitláhuac García, pero exige respeto a la división de poderes!

 

Días aciagos, sin duda, vive el nuevo gobierno del chavo-ruco, Cuitláhuac García Jiménez, empeñado en borrar del mapa a todos sus enemigos políticos al precio que sea, violentando incluso la ley suprema que mandata la división de poderes.

De ovación los empeños morenos por acabar con la corrupción y los moches. Un cerrado aplauso por el inminente juicio político al incompetente Fiscal General, Jorge Winckler y qué bien lo de los 15 mil elementos de la Armada de México que adelantan una solución al más grave problema que vive Veracruz, la inseguridad.

Pero que mal los atropellos contra millares de burócratas lanzados a las calles de manera inmisericorde.

Y pésimo que, por no ser su aliado, menos su incondicional, ni su morenazo de cabecera, la haya emprendido contra el titular del Poder Judicial de Veracruz, Edel Álvarez Peña.

La campaña desatada en su contra –apoyada por conocido empresario periodístico del sur del estado- ha sido tan desproporcionada que está creando el efecto boomerang.

Se está revirtiendo en favor del magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia de tal suerte que ya mismo existe la percepción que ni es el corrupto que se dice, ni que trae una mala relación con sus pares y que ni siquiera aplica para su persona esa aberración jurídica que quieren endilgarle, el juicio político.

Lo grave de todo, sin embargo, no es el golpeteo contra quien piensan que es el Diablo sin calzones. No, el tema es la erosión de la institución y el grave atentado a la división de poderes.

Nunca serán mejor las segundas partes.

Eso de pretender de parte de Cuitláhuac ser imitador de Andrés Manuel López Obrador -hablar incluso como él de manera pausada, como atarantado- hablan mal de su incipiente gobierno.

Veracruz no puede, ni constitucionalmente debe, sumarse a los tiempos convulsos propiciados por el control que pretende ejercer el Peje hacia el Poder Judicial, en un afán de que éste quede supeditado a sus capricho.

Por ello la protesta generalizada de los jueces y magistrados de todo el país expresada desde la Ciudad de México, a quienes por cierto el propio Presidente de México, les ha respondido de manera por demás vulgar e impropia que “¡México no vive un estado de derecho, sino de chueco!”.

¿Estado de “chueco”?

Pues sí, respondería el propio Peje: “¡Me canso ganso” que está bien chueco!

Conviene al nuevo gobierno de Veracruz valorar el movimiento que llevan a cabo juzgadores federales para preservar su autonomía frente a la andanada que se yergue sobre ellos desde las entrañas del gobierno federal.

Veracruz es ajena a esa lucha, por tanto le conviene, en aras de reivindicar la independencia de jueces y magistrados y procurar la real división de poderes.

Evitar asimismo a toda costa la instauración de un régimen dictatorial tal como pretende López Obrador.

Son tiempos de acción y reflexión.

Y es que en esta lucha de poder lo grave de las malas decisiones del centro es que las han trasladado a los estados de la república, a Veracruz misma, tierra liberal y de libertades, cuna del juarismo, sede del gobierno trashumante, defensora del suelo patrio ante afanes imperiales.

Consecuentemente hoy nuestra obligación estriba en respaldar la lucha institucional que libra el Poder Judicial en Veracruz, que hace esfuerzos para mantenerse firme y afrontar el propósito avasallador e injerencista que el gobierno de Cuitláhuac García pretende llevar a cabo.

Edel Álvarez Peña, -este reportero lo conoce hace más de 40 años- es a no dudar, un hombre sensible y de vena política que sabe, bien lo sabe, que le quedan nueve meses al frente del Poder Judicial, y una renuncia anticipada, como lo pregonan sus malquerientes del partido de color oscuro, se vería como un acto de “esquirol” frente a la lucha que se libra a nivel nacional y local por la prevalencia de este poder.

Ya se observa que desde su trinchera Álvarez Peña hace su parte para sumarse a la batalla que se libra entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial a nivel federal.

Tirar la toalla, por tanto, en estos momentos, como pregona cierta prensa y los queda bien, sería tanto como abdicar frente al nuevo poder.

Cada minuto y cada segundo en el Poder Judicial, desde la óptica de este comentarista político, son vitales no solo para los justiciables, sino para la institución en sí misma.

Habrá que tener presente que los magistrados del Poder Judicial de Veracruz entienden esta circunstancia y saben, que una salida anticipada en el mar de confusión que se ha generado por la actitud avasalladora del Ejecutivo Federal, sería inaceptable pues evidenciaría la debilidad no de Edel, sino del Tribunal Superior de Justicia, en momentos donde la unidad debe prevalecer ante todo.

Únicamente, quien no conoce desde adentro al Poder Judicial, se atrevería a pensar que caería en una vorágine política desatada por intereses partidistas.

Se impone pues, la prudencia del gobernador.

En Veracruz no hay la menor duda que el Poder Judicial tiene su propia vida política interna, sin embargo, es por todos sabido que cuando se trata de unirse contra una amenaza del exterior, magistrados y jueces habrán de cerrar filas para cuidar celosamente la institución de la que tanto se enorgullecen.

El Poder Judicial, no permitirá tan fácilmente que los vientos políticos despeinen la justicia del Estado y se permita la entrada a gente sin oficio ni preparación.

Históricamente es bien sabido que la destrucción del Poder Judicial es el primer paso de la dictadura en donde en paralelo se sucede el desprestigio a la prensa y la estatización de la banca.

En Veracruz no estamos acostumbrados a observar al Poder Judicial, ya sea federal y estatal, como actor activo en la vida política del país, pero en los días pasados, no solo ha participado, sino que ha asestado fuertes golpes a la nueva administración, convirtiéndose en el único contrapeso ante la arrolladora aplanadora lopezobradorista.

No le vaya a suceder lo mismo en Veracruz a Cuitláhuac García.

Tiempo al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo