A sólo 18 días de haber empezado el régimen estatal, está recibiendo tantos embates como los que padeció el bienio de Miguel Ángel Yunes. No pareciera que la coyuntura abonó a favor de la esperanza, sino que el actual fuera una extensión del anterior sistema. Pero además, da la impresión de que, engolosinados disfrutando las primeras mieles del poder y del presupuesto, los altos funcionarios que rodean al gobernador no hacen lo necesario para tranquilizar los ánimos sociales, al contrario.

Leer a columnistas y reporteros es encontrar una línea crítica y mordaz que parece estar siendo desestimada. Lo que se ve es que el desgaste de la imagen oficial vendrá muy pronto. Y si a eso se le suman los parientes incómodos como el otrora pacífico e inefable Tonatiuh, que reclaman su cuota de poder, la cosa empeorará.

Claro, los defensores del status dirán que son problemas que dejaron los que se fueron. Tienen razón en parte, pero precisamente por eso se debe tener funcionarios de primera, ad hoc para la crisis.

Ya hay mucho qué decir de las decisiones oficiales erráticas y, al contrario de la Federación, donde se hace la corrección cuando es pertinente, como en el presupuesto de las universidades, acá no hay estrategia de apaciguamiento.