La multitudinaria concentración de gente en el zócalo de la CDMX, proveniente de todo el país en torno al presidente López Obrador, revivió la imagen de aquellos grandes mítines de mediados del siglo pasado aclamando al presidente Adolfo López Mateos (ALM 1958-1864), quien con su especial apostura y extraordinaria oratoria embelesaba a los allí congregados para rendirle pleitesía. Aquellas manifestaciones populares organizadas por el PRI adquieren connotación de legendarias cuando se exhuma el pasado romántico de este país, que sin embargo no encuentra lo que a cambio obtenía el pueblo de su adorado Tlatoani. Ojalá no sea el caso con López Obrador y realmente se concreten los beneficios de la implementación de los programas expuestos ante quienes conforman los 68 pueblos originarios de México, no es poco el respaldo popular a su gobierno y casi ciega la confianza depositada en quien ha ofrecido grandes expectativas una vez instalado en la presidencia de este gran país.